No te rindas, porque al final, después de la tormenta, siempre llega la calma.

 Camina, sólo o acompañado, sin mirar atrás,  sea con alas blancas, negras, ponte la capa de la confianza y las botas de la fuerza, pisa fuerte y no te rindas, porque al final, después de la tormenta, siempre llega la calma.

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